Artesanos, casi todos
Según Pachay, el 70% de la población se dedica a la elaboración de estos adornos -con precios que van desde los 2 hasta los 40 dólares-, razón por la cual las tiendas las exhiben todos los días, pero en especial para el Día de los Difuntos, Navidad y Carnaval.
“Es en esos días cuando la venta crece, por la llegada de los turistas, la mayoría de la Sierra, aunque también hay extranjeros”, asegura Pachay en medio de numerosos envases de barbotina -una sustancia viscosa, parecida al cemento, que es traída desde Cuenca- y moldes de yeso ajustados con correas, dentro de los cuales se ubica la pieza para su elaboración.
Pachay, afirma que antes las piezas se las hacía de barro, porque es más resistente pero, asimismo, su elaboración demanda más tiempo y dedicación.
Un pequeño recorrido por la parroquia, con calles de tierra y un ambiente caliginoso por el polvo, permite apreciar que en el lugar casi todo el mundo es artesano a menos que se demuestre lo contrario. La agricultura, una actividad ancestral, al parecer, quedó solo para eso: para ser recordada.

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